Elizabeth Wakefield, asesora financiera: «Tener todo el dinero en una cuenta corriente es uno de los principales errores que mucha gente comete»

Gestionar las finanzas domésticas es una tarea fundamental que para muchas personas puede resultar compleja. Entre los constantes cambios económicos, las necesidades urgentes y la falta de educación financiera, no siempre queda claro por dónde comenzar para cumplir con las obligaciones y, al mismo tiempo, ahorrar para un fondo de emergencia y el retiro.

Elizabeth Wakefield, asesora financiera: «Tener todo el dinero en una cuenta corriente es uno de los principales errores que mucha gente comete»

La mayoría suele manejar sus ingresos y gastos a través de una sola cuenta bancaria. Sin embargo, Elizabeth Wakefield, asesora financiera independiente y fundadora de Finanzas Conscientes, señala que esta práctica no es la más recomendable y propone un enfoque diferente, que no consiste en guardar el dinero sin control.

Con más de 15 años de experiencia en gestión patrimonial, diseño de carteras de inversión diversificadas y formación financiera, Wakefield comenzó su carrera en auditoría y control financiero en multinacionales. Sin embargo, descubrió su verdadera vocación en el asesoramiento personalizado, libre de presiones comerciales y centrado en las necesidades del cliente.

En una entrevista para el pódcast Tiene sentido, la especialista afirmó: “Tener todo el dinero en una cuenta corriente es uno de los principales errores que mucha gente comete”. Explicó que esta práctica equivale a tener mezclados utensilios diversos en un mismo lugar sin ningún orden. “¿Para qué existen entonces las cajoneras y los armarios? Para poner las cosas en su sitio”, añadió.

Wakefield recomienda organizar el dinero según sus diferentes funciones. Propone tener una cuenta principal destinada a recibir ingresos, pagar gastos mensuales y realizar movimientos habituales. Además, sugiere abrir una segunda cuenta para constituir un “fondo de seguridad”, destinado a cubrir imprevistos y emergencias, equivalente a varios meses de gastos básicos.

Otra estrategia que menciona la asesora financiera es anticipar gastos mediante una planificación cuidadosa. Esto incluye pagos previsibles como pólizas de seguro, vacaciones, impuestos, reparaciones o compras especiales vinculadas a fechas señaladas, como Navidad o cumpleaños.

Para ilustrar esta idea, Wakefield pone un ejemplo: una persona que desea ahorrar $2,500 para vacaciones debería dividir ese monto en aportes mensuales más manejables, como $150 o $200, transformando así un desembolso elevado en pagos periódicos accesibles.

Además de organizar el dinero, la especialista recomienda realizar regularmente una auditoría de gastos, que permita conocer con precisión cuánto se destina a servicios, suscripciones, necesidades básicas, transporte, mantenimiento del automóvil, membresías y pólizas. Este control es fundamental para tomar decisiones financieras acertadas.

Por ejemplo, antes de iniciar el año, las personas pueden elaborar un presupuesto anual que establezca prioridades, identifique gastos prescindibles y defina montos concretos para el ahorro. Wakefield aconseja mantener una constancia en esas cantidades, evitando fluctuaciones que dificulten la acumulación sistemática. “Que cada mes sea siempre el mismo importe, o al menos dentro de un rango establecido. Decimos: ‘puedo ahorrar entre 300 y 500 euros’, por ejemplo, y eso debe cumplirse; no que un mes no se pueda ahorrar porque surgieron múltiples gastos imprevistos”, explicó.

Dedicando únicamente diez minutos semanales a ordenar las finanzas, es posible evaluar en períodos cortos el estado del presupuesto mensual. La especialista advierte que los pequeños pagos periódicos pueden convertirse en una “fuga económica silenciosa” si no se controlan adecuadamente.

En cuanto al uso de tarjetas de crédito, Wakefield señala que uno de los errores más comunes es la falta de control al financiar compras. Recomienda que, antes de efectuar una adquisición, se haga una evaluación honesta preguntándose si realmente se puede afrontar ese gasto. De no ser así, la compra debe descartarse.

Aunque reconoce que las tarjetas de crédito son herramientas financieras útiles, advierte sobre los riesgos asociados a su mal uso, como la acumulación de deudas difíciles de afrontar. Por ello, aconseja priorizar la tarjeta de débito y tener claro que cada uso de la tarjeta de crédito implica un compromiso de pago a mediano o largo plazo, con tasas específicas, es decir, un contrato que obliga a cumplir con las condiciones acordadas aunque el producto o servicio ya haya sido recibido.

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